Perú es un país emergente con muchas características de un país en desarrollo. Alrededor de 31 500 000 habitantes viven en este estado andino de aproximadamente un millón 285 mil kilómetros cuadrados. La diversidad geográfica, cultural y étnica, parecen ser un espejo de la enorme desigualdad social que determina el desarrollo de este país desde hace décadas. El desarrollo económico positivo de los últimos años, que está basado en la suba de los precios de materia prima, contribuyó a que el porcentaje de la población que vivía en pobreza - parcialmente extrema - haya disminuido de un 55,6 % en el 2005 a un 25,8 % (en el 2012, (según datos del INEI). Sin embargo, las zonas alto andinas, como grandes partes de la selva, no forman en igual proporción parte de este desarrollo. La distancia de estas zonas hacia la ciudad capital, Lima, parece ser más - una distancia sociocultural que una distancia medible en kilómetros. Las áreas de educació , salud, seguridad y democracia cumplen por lo mucho el estándar de un país en desarrollo. Más de medio millón de niños en Perú sufren de desnutrición y es extremadamente preocupante el hecho que, según los datos del Instituto Nacional de Salud Mental, el 74,1 % de las familias en Perú muestran índices de violencia familiar.


   Otro problema

que vive el Perú es la enorme actividad migratoria hacia las grandes ciudades. Sobre todo los más jóvenes, emigran a las ciudades esperanzados en una vida mejor, pero en la mayoría de los casos sólo encuentran más desempleo, son víctimas de los prejuicios de los pobladores de la ciudad y terminan con pocas perspectivas; como si esto fuera poco ya no tienen el contacto social que tenían en sus pueblos de origen. Toda esta suma de problemas que pocos pueden soportar desencadena en depresiones, abuso de alcohol, delincuencia y violencia familiar. De todo esto los más afectados son los niños y jóvenes quienes víctimas de esta pobreza manifiestan problemas psicológicos, de nutrición y de salud. Muchos de estos niños son marginados, viven alejados de la ciudad en los llamados “pueblos jóvenes” donde son muy frecuentes los problemas de maltrato, abuso sexual, abandono de los padres o la explotación como trabajadores. Algunos de ellos no pueden resistirlo y se escapan a las calles donde tan sólo encuentran otra forma de violencia.

BLANSAL tiene la tarea de dar a estos niños la posibilidad de comenzar de nuevo. Además, en cada proyecto se realiza un trabajo de prevención, por ejemplo se da la oportunidad a mujeres víctimas de violencia de tener un ingreso económico a través de un empleo remunerado en su proyecto, a la vez que se les enseña técnicas de prevención del abuso sexual de niños, jóvenes y adultos; también se refuerza el trabajo de los albergues, entre otras cosas.